Cuando desperté, recordé que había soñado que escapaba de un hombre
esquelético. Me hallaba en una ciudad híbrido entre Tepic y Guadalajara. Andaba
por Avenida de las Rosas y me encontraba a Omar. Entonces me daba cuenta de que
mi prioridad era llevar a mis hermanos a casa de mis papás. Ponerlos a salvo.
Omar y yo decidíamos tomar caminos diferentes para encontrar a Ana. Entonces,
el hombre esquelético ya se había convertido en una especie de Monstruo de la
Laguna Negra, que se acercaba tambaleante pero decidido. Encontraba a Ana tomando
clases de cocina en un edificio en obra negra. Su maestro, un hombre de barba
roja, me confesaba no ser chef sino científico loco, el mismísimo creador del
monstruo que nos perseguía. Nos explicaba que actualmente el monstruo se
encontraba en etapa “Watch” de evolución (un gigantesco ojo verde con patas
semejantes a tallos vegetales), pero cuando llegara a la etapa “Men” sería inteligente como un dios. Tomábamos un taxi por Avenida Mariano Otero, cerca de
Expo Guadalajara, pero dos cuadras después un embotellamiento detenía nuestro
escape. Veíamos a los edificios huir del monstruo para evitar ser destruidos.
El científico loco nos explicaba que él había inventado un sistema de movilidad
para los cimientos, “si lo hubiera patentado, ahora sería multimillonario”. A
mí sólo me importaba escapar y llevar a mis hermanos a casa de mis papás, donde
estarían seguros. Descubría, en medio de un terreno enorme y vacío, oculto
entre polvaredas incesantes, un helicóptero. Dejaba el taxi y a los demás.
Corría hacia el helicóptero mientras escuchaba a un locutor de radio explicar
que "el centro de la ciudad de Puebla", donde nos encontrábamos, sería bombardeado
en unos instantes. Llegaba al helicóptero, cuyo interior era una habitación
cuadrada, como salón de primaria. De inmediato, identificaba a la capitana de
la nave, y le decía que debíamos despegar pues la ciudad sería bombardeada.
Ella no me creía. Entonces, yo veía convertirse en cenizas un mapa del centro
de la ciudad. Había caído una bomba atómica. Sentía los ojos calientes. Todo se
reiniciaba. Me veía corriendo al helicóptero de nuevo, atravesando polvaredas
que se levantaban ante mí. Antes de entrar al helicóptero, repasaba mentalmente
lo que le diría a la capitana, para no fallar esta vez. Me preguntaba si estaría
muerto, reiniciando un videojuego o aprovechándome de aquel experimento del
gato en la caja que puede estar vivo o muerto, al mismo tiempo, si no lo
sabemos con certeza. Un hombre con cara de idiota me lo confirmaba: “Es como en
la serie del salto cuántico. Hasta que no lo hagas bien estás condenado a
repetirlo”. Cuando estaba de nuevo frente a la capitana me sentía sumamente
estúpido, no sabía qué hacer: se me ocurría besarla. La bomba
explotaba de nuevo, pero esta vez sus efectos no habían sido tan devastadores.
Veía el mapa del centro de la ciudad y confirmaba que el fuego no nos había
alcanzado. La capitana encendía el helicóptero. Escuchaba las hélices y veía a
mis hermanos y amigos corriendo hacia donde yo estaba. Cuando llegaban, los
regañaba por tardarse tanto. Nos sentábamos y ajustábamos los cinturones de
seguridad. Entraban más personas y yo comenzaba a desesperarme por retrasar el
despegue. La capitana anunciaba que, al fin, nos elevaríamos, pues había
llegado el invitado especial. “Tenemos el honor de viajar con un brujo
realmente cabrón”, nos decía al tiempo que, detrás de ella, surgía el Diablo,
rojo y musculoso, con una serpiente enorme enroscada sobre su tórax. De
inmediato, Brenda llamaba al Diablo. La serpiente le hablaba al oído. Un
secreto entre ellos. En el helicóptero también iba el Papa, que no dejaba de
quejarse de que no había suficientes paracaídas. Entonces me daba cuenta de mi
error: no podríamos llegar a casa de mis papás, pues este helicóptero volaría,
sin escalas, directo a Roma, donde vivían el Diablo y el Papa, “los pasajeros
VIP”. Me enfurecía.
Y despertaba.


Ay mimí, ese Nosferatu es particularmente guaquili!!...el sr. de las ratas!!..ascooo!!...me gusta más el de Brenda...sobre todo cuando aparece con gafas de Lenon, y también con su peinado copetudo!!...je je...pero a ver...campanita se da besos con el diablo, que a su vez es un brujo bien cabrón de dientitos sexies con la capitana que rafa se besuquea...Y Cristobal quéee...soñó que andaba con Zapata!!...ayyy...estos sueños están re complicados!!...
Publicado por: Alva | miércoles, mayo 27, 2009 en 09:13 a.m.
Que lindo Brendi, como cuando yo me enamoré de Nosferatu de Herzog porque tiene unos dientitos bien sexys...
;)
Publicado por: Noemí Mejorada | domingo, mayo 17, 2009 en 09:46 p.m.
Qué sueño tan locochón! Mal pedo que el Papa se subiera al helicóptero, la neta! Mientras tu soñabas eso, yo andaba soñando ñoñadas: soñé que estaba con el Cristóbal en la biblioteca, buscando un tema de investigación, el final me pareció revelador: "Emiliano Zapata en el imaginario narrativo". Dos horas después de que desperté, me convencí de que esa investigación la haría precisamente en mis sueños, jeje!
Publicado por: Héctor Palacios | viernes, mayo 15, 2009 en 01:29 p.m.
Ah Noemí, es que Rafa se estaba andaba besuqueando con la capitana y yo estoy enamorada del diablo desde que vi Drácula de Coppola, entonces por eso :P
Publicado por: nuez | sábado, mayo 09, 2009 en 04:16 p.m.
Me encantó! sobre todo la parte del secreto entre Campanita y el Diablo... Brenda, de que se trata!!! porque andas haciendo vínculos con las fuerzas del mal!!!!???
:O
Y me gustó también la presentación del Diablo... "un brujo realmente cabrón!!!" no mamar! es la descripción perfecta...
:)
Publicado por: Noemí Mejorada | sábado, mayo 09, 2009 en 11:49 a.m.