: LA PROFESORA DE CASTELLANO : : : Con lentitud en el andar y apoyada en un bastón dio vuelta en la esquina. Mejillas cóncavas y ajadas, cabello Cuando llegó a su casa y sacó las llaves de la cartera, el desconocido se le acercó, la saludó con espontánea cordialidad y dijo ser Raúl Montero, amigo de su hijo. Mientras abría la puerta de calle ella lo miró de arriba abajo. Se detuvo en los ojos azules, en el saco azul clásico y el pañuelo al cuello. Lo aprobó. - ¿Qué se le ofrece señor Montero? -mientras iba entrando. - Quiero hablar con su hijo. - ¿De dónde lo conoce? Él no está pero pase; no me gusta ventilar lo íntimo en público. Espérelo y hágame compañía. Entraron. Él la ayudó. La mujer dejó la cartera sobre la mesita de entrada y mientras se sacaba el tapado y la bufanda le indicó que se sentara en uno de los cómodos y espléndidos sillones. Montero eligió el que estaba en un ángulo que le permitía ver bien toda la casa. - Le diré señora, soy un hombre en problemas. Le presté dinero a su hijo y desapareció. Ella soltó una carcajada irónica. - ¿Queeeé, qué diiice? ¿Un préstamo en dólares a mi hi-jo Ri-car-do? Esto es una pícara fábula, sépalo, Ricardito mi único hijo es un auténtico tirado con ínfulas de aristócrata, un desempleado crónico con proyectos faraónicos que terminan en catástrofes, un mayúsculo prófugo de San Cayetano con minúsculas neuronas, un discípulo réprobo del señor Dinero, nunca trajo un céntimo ni un décimo ni un centésimo pésimo en exámenes y prácticas matemáticas y económicas, es de los débiles católicos apostólicos ávidos de mágicas dádivas que ni el párroco ni la diócesis ni los ángeles le otorgan el horóscopo siempre anunciándole pérdidas y confirmándole en parábolas que es un zángano o un sátrapa. Ya tenía las venas del cuello abultadas. Se encaminó hacia el dormitorio para buscar algo. El hombre amagó levantarse, no le perdía pisada. Sin parar de hablar ella volvió enseguida con un álbum de fotos y se le acercó tanto para mostrárselas que podía contarle los pelos de la nariz. - Mire bien estas vívidas imágenes biográficas y anecdóticas sacadas con una cámara fantástica por un ilustrísimo fotógrafo, obsérvelo con espíritu crítico de párvulo, rostro nádico, acérquese y adviértalo no sea usted tímido, tampoco lo señale con el índice ni sea irónico ni recóndito, no, no, olvídese de recóndito, conózcanos, somos una familia magnánima o espléndida como más le guste. Carraspeaba y se agarraba la cabeza. Fue en dirección a la cocina. Montero nervioso, miraba a cada rato el reloj. Se paró como para ir al dormitorio. - Siéntese parándose es un obstáculo ilógico -volvió y dio vuelta las hojas- adviértalo acá las características físicas de Ricardito daban vértigo, ponía histéricas a las jóvenes, quédese quieto no esté dándome órdenes, da lástima hace el ridículo. La mujer volvió a la cocina y seguía con el discurso. Él se incorporó decidido. - Tomaré un analgésico genérico mágico tengo este hábito doméstico de las píldoras acá (siempre indicando con el dedo) véalo escuálido le ruego doctor sálvelo del tétanos, quedó pálido otro de los mártires del hígado también con cálculos en la vesícula, en ésta alimentándose con sólidos cálidos y líquidos gélidos algo patológico y congénito, véalo con ese físico bíblico como político usó múltiples micrófonos un ídolo del diálogo. Debía actuar rápido, pidió ir al baño. Ella no lo escuchó y lo empujó para que volviera a sentarse. Siguió de pie hablando sin parar álbum en mano. - Está pálido apelo a su magnánima índole señor Montero olvídese de su equívoco préstamo de los dólares de sus pícaros cálculos, lo veo irónico, agónico, simbólico, que sé yo, parece no tener escrúpulos ni ánimo benévolo, no usó el teléfono o el telégrafo para venir un sábado algo estúpido en alguien ávido de dólares, su maléfico método de otorgar préstamos relámpago es una… - Bastaaa, bastaaa, no la aguanto más, usted es volcánica, temática, monótona, insoportable -se paró enfurecido, dio un portazo y se fue. ::: - ¿Sos vos hijo? ¿Viste a Montero? Se cansó de esperarte y se fue enojadísimo. - ¿Qué Montero? - El del auto verde metálico, el del préstamo en dólares, el pánfilo ese. - ¿El del auto verde descascarado que se acaba de ir? No me digas que lo dejaste entrar. - Estaba bien vestido y vos le debes dólares. - Yo no le debo nada a nadie. - Dime la verdad, ¿cuánto te prestó? - ¡Ah, no! Te enganchó con el clásico cuento del tío. ¿Cuánto te sacó? - Nádica - Ya sé, le hablaste en esdrújulas y lo anestesiaste. No tienes remedio vieja, pero no me lo cuentes también en esdrújulas porque, ya me estoy yendo. :: La madre de Ricardo tuvo una breve incursión en la docencia como profesora de castellano, como las llamaban en aquella época. La sancionaron en tres oportunidades por uso abusivo de esdrújulas, disgusto que la llevó a abandonar la carrera. Su libro “La Mágica y Célebre Esdrújula” no encontró editor. : : : Sobre la autora: : Lina Macchi (Buenos Aires, Argentina; 1936) es maestra normalista. Ejerció como tal en Argentina. Vivió en Nueva York, donde asistió a la New York University para perfeccionarse en el idioma inglés. También vivió en Brasil. Las experiencias fuera de su país natal le sirvieron para tener una mirada más atenta a las diferencias. Actualmente se encuentra en Buenos Aires, ciudad donde participa en talleres para escritores. A raíz de sus historias conformó el Grupo de Lectores Oasis con diecisiete integrantes de distintos países. Ha publicado en revistas virtuales y en antologías de Editorial Dunken. ::: : 2009 ralo. Aún sin anteojos lo divisó. Bajaba del auto estacionado en la vereda de enfrente.
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