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SOY TOTALMENTE KITSCH: Un estilo estético y de vida siempre en boga (Segunda parte)
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La era industrial y su repercusión
Salvando espacio y brechas cronológicas ya mencionadas brevemente como antecedentes del kitsch, aterricemos en los albores del pasado siglo XX, específicamente en el inicio de la era industrial. ¿Por qué es importante este periodo para el estudio del fenómeno kitsch? Simple y sencillamente porque inicia la etapa de la producción en cadena, marcando el parte aguas, el punto y aparte de la concepción del “objeto artístico” como ejemplar
único que salta a la fabricación en cadena. Es ya posible acortar tiempos y costos de producción de piezas artísticas, la velocidad es el concepto más perseguido a través de los grandes inventos del siglo XX: electricidad, telégrafo, teléfono, el cinematógrafo, el automóvil y, en lo que atañe particularmente al kitsch, la impresión offset que a partir de 1904 (Ira W.
Rubel, Nueva Jersey, EE.UU.) permitió la reproducción masiva de imágenes con gran calidad. De la misma forma, la industria del plástico que del celofán (1912) fue evolucionando con derivados más elaborados como el acetato, vinilo, plexiglás, acrílico, styrene y formica en la década de 1930.
En aquella época el mundo del arte percibía la popularidad del kitsch como un peligro para la cultura, precisamente porque el concepto de “objeto único” había sido roto. Ya era posible reproducir una antigua pieza única con buena calidad respecto al original, con la consecuente reducción de costos. Sin embargo, no es sólo la velocidad y facilidad reproductiva lo que alimenta al kitsch. Si ya mencionamos sus influencias a través de la historia del arte en cuanto a concepción formal, es hora de mencionar su talante, su espíritu, su intención metafísica: la conmoción por sentimentalismo.
El arte clásico, manierista, barroco, está recargado de drama, horror al vacío, pavor a la austeridad, aversión a la naturalidad y exaltación del artificio, adoración del oropel y sublimación del dolor. Cito a Giesz:
“El ingenio del ojo-kitsch radica en descubrir aspectos emotivos y en camuflar al mismo tiempo todos los trámites opuestos (…) Podría decirse que el kitsch consigue transformar las ‘situaciones límite’ de la existencia humana (Jaspers) en conmovedores idilios y sustituir los dramas numinosos (miedo, veneración, oración, desesperación, etc.) por una agradable emotividad”.
[Fuente: Fenomenología del kitsch; Ed. Tusquets; 1973].
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[Continúa última parte en el próximo número de BABEL EN PROSA]
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Sobre el autor:
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Pere Greenham (Tepic, México; 1961) estudió Pintura en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, y Diseño Gráfico en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Se autoexilió en Europa durante quince años, viviendo sucesivamente en París, Florencia, Berlín y Madrid, donde cursó estudios de Filología Hispánica en la Universidad Complutense, al tiempo que irrumpió como cronista, reportero y crítico de arte en la prensa cultural española. En 1999 regresó a México incursionando como artista visual en el circuito de galerías, centros culturales y museos de Tepic, Puerto Vallarta, Guadalajara y la Ciudad de México, donde actualmente reside. Mención de honor en Grabado en la Bienal del Noroeste de Culiacán (2005); Premio Estatal (Nayarit) Emilia Ortiz de Artes Visuales (2005), en el área de Fotografía; becario del Programa Integral Fotoguanajuato 2005; seleccionado para la XII Bienal Nacional de Fotografía.
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Quiero mas!!!
Publicado por: America Libertad | 13 de junio de 2009 en 10:47