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DE LA EXTINCIÓN DE ESPECIES Y EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA
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Como el águila arpía (Harpia harpyja), la cacerolita de mar (Limulus polyphemus) o el pinabete mexicano (Picea mexicana) se encuentran en peligro de extinción debido a la destrucción o alteración de su hábitat, a la explotación desmedida y a otros factores de riesgo;(1) el vendedor de pan dulce que pasea entre las casas con su cesta de palma trenzada repleta de picones, también se desdibuja de la cotidianeidad citadina ante el imperio de las grandes panificadoras y las cadenas de supermercados capaces de convencer a los clientes de intercambiar el gusto y significado del pan nuestro de cada día, por una infinita variedad de piezas de masa fría.
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En el departamento de panadería y repostería del hipermercado se exhiben productos de formas perfectas, tamaños insospechados y acomodos impecables. Además, el pan que se adquiere en este tipo de tiendas, está siempre adornado con toda clase de cremas, merengues, azúcares o jarabes de colores brillosos, ideales para atraer la atención de los cientos de compradores que deambulan en busca de una pieza de pan. Dicha estrategia coincide en buena parte con la que utilizan las flores vestidas de color rojo, lila, azul o amarillo para atraer al ave o al insecto. La diferencia en este caso consiste en que, los polinizadores que sucumben a la estimulación óptica de los pétalos florales, encuentran en ellos la dulce recompensa del néctar; mientras que los incautos visitantes del supermercado, difícilmente encontrarán en tan vistoso bocado el sabor esperado por la experiencia visual.
Se trata pues, de un pan hecho en serie, no elaborado para alentar la convivencia entre los que participan de él en el desayuno o la merienda, no para alimentar la identidad de quien lo come, no para reconocer con el paladar los frutos de la tierra transformados antes de llegar a la mesa ni para agradecer y valorar el esfuerzo diario de las manos que lo preparan. En resumen, se trata de un pan que entretiene el estómago, del que fue fabricado por la inercia derivada de los juegos de mercado y cuya elaboración obedece a intereses únicamente comerciales.
Y así, los hornos de las familias o panificadoras pequeñas herederas de varias generaciones de tradición panadera, se apagan al mismo ritmo que la majestuosidad del águila, el torpe caminar de la cacerolita sobre la arena o el semblante siempre verde del pinabete desaparecen.
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En la naturaleza todas las especies poseen cierta capacidad de responder a los cambios que sufre el medio en el que habitan. Sin embargo, la adaptación a nuevas condiciones requiere de tiempo y es generalmente lenta en comparación al avance de la deforestación, la depredación excesiva o la explotación irracional, no sólo de cada especie en peligro, sino de varios de los elementos que integran el ecosistema del que dependen dichas especies.
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Un ritmo de vida acelerado en donde hay que correr cada día más a prisa para alcanzar una meta incierta, para tener más dinero que gastar en productos que siempre se desechan antes de terminarse, donde se tiene menos tiempo para cubrir necesidades tan elementales como el buen comer, en donde los consumidores se alejan cada vez más de la versión sencilla y elemental de cada cosa que consumen, aumentando el número de intermediarios en las cadenas comerciales.
Es un panorama de cambios demasiado abrupto como para dar tiempo a que el vendedor de picones se adapte y sobreviva. Hace más de tres días que espero verlo llegar hasta la ventana de mi cocina, con esa sonrisa bonachona que me saluda diciendo “¡Llegaron los piconeees!”. Empiezo a pensar que su ausencia en mi vida representaría un gran hueco. Terminaría por comer las conchas y cuernos rellenos de las grandes cadenas comerciales, como los tlacuaches que rondan los botes de basura buscando la comida que ya no encuentran porque no hay más árboles que den frutos ni bosque que produzca las presas que más les gustan.
Ojalá que el pobre hombre sólo se encuentre retrasado y que el tiempo evolutivo nos alcance para superar todas estas condiciones de vida. Quizá a dos o tres cuadras se encuentra él saludando en otra ventana desconocida donde lo esperan con las mismas ansias, porque se sabe que su trajinar sonriente, hace más placentero el día a día.
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(1) Las categorías de conservación de estas especies en la República Mexicana y sus nombres científicos pueden consultarse en: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), “Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2001, Protección ambiental - Especies Nativas de México de Flora y Fauna silvestres - Categorías de riesgo y especificaciones para su inclusión, exclusión o cambio - Lista de especies en riesgo”, Diario Oficial de la Federación, 6 de marzo de 2002, versión electrónica: http://www.semarnat.gob.mx/leyesynormas/Normas%20Oficiales%20Mexicanas%20vigentes/NOM-ECOL-059-2001.pdf , México (2008).
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Imágenes:
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Limulus polyphemus: Cacerolita de mar. POS, Robert (2009); Atlantic Horseshoe Crab, American Horseshoe Crac; U.S. Fish and Wildlife Service Online Digital Media Library: http://www.tolweb.org/Limulus_polyphemus/14737, USA.
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Venta de pan. Nowiz, Dniella (2009); Macarons in Paris Patisserie: http://pro.corbis.com/search/searchFrame.aspx, Francia.
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Sobre la autora:
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Celina Solís (Guadalajara, México; 1984) es Licenciada en Biología por la Universidad de Guadalajara. Autora del recetario Soyatlán del Oro: cocina tradicional y sazones del paisaje, publicado en 2008. Trabajó en proyectos de introducción de monos aulladores en un área protegida. Está interesada en los nexos existentes entre cultura y naturaleza. Participó en el proyecto de investigación a cargo de la M.C. Elba Castro, que en 2005 dio como resultado el recetario titulado: Colotlán: sabores e historias del paisaje en la comida colotlense. Actualmente elabora su tesis de licenciatura cuya temática vincula gastronomía tradicional y conocimiento del medio ambiente.
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2009
Las grandes urbes han modificado el ritmo de vida, ahora el modus viviendis es el resultado de una fuerte presion, competitividad y utilitarismo que llevan al ser humano a estar contra reloj.
Es interesante como haces el vinculo entre la forma de vida y la exitincion de las especies, creo que tienen mas relacion de la que creemos. Porque cada cambio, transicion y transformacion requiere tiempo y que se lleve a cabo paulatinamente para adaptarnos al medio sin tanta violencia. Pero la sociedad actual nos lleva al suicidio, a vivir en todo en poco tiempo. Y las consecuencas son cada vez mas notorias y catastroficas
Publicado por: America Libertad | 13 de junio de 2009 en 10:53